“¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?” Lucas 24,5.

Pablo en sus escritos nos escribe que fuimos “llamados para
vivir en libertad” y ser “servidores los
unos de los otros, por medio del amor.” (Gálatas 5,13). A vivir los frutos del
espíritu de Dios: el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la bondad, el dominio
de sí. Evitando lo que nos hace daño: el odio, las divisiones, la envidia, la
ambición desmedida. La auto referencia que nos aísla y nos impide percibir las
necesidades de los otros, su alteridad y dignidad.
En el evangelio de Marcos, Jesús dice: “Vosotros sabéis que
aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si
fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre
nosotros no debe suceder así” (Marcos 10,42-43). Nos muestra otro tipo de
liderazgo cuando dice que “no vino para ser servido, sino para servir y dar su
vida en rescate por muchos” (Marcos 10,45). Este servicio es un camino
fundamental para la perfección. Lo podemos llevar a cabo con pequeños detalles
ya sea con el hermano desde nuestras carencias o las suyas. Esto siempre sin
esperar más recompensa que saber que Dios ve en lo escondido.

Hoy vivimos con gran
incertidumbre y desasosiego. Peleamos contra estructuras “de muerte”, como la
escasa justicia, las mentiras y el engaño. Buscamos una vida que nos plenifique
y que nos permita ser verdaderamente luz que refleje, aunque tenuemente a la
Luz de luz.
Esta lucha entre la muerte y la vida comienza en el corazón
de cada uno. Todos tenemos la libertad para elegir y decidir qué actitud vamos
a tomar ante las circunstancias que se nos presentan. Algunos abren nuevos
caminos y buscan otras opciones. Construyen con un espíritu magnánimo, dejando
de lado las mezquindades, los malos entendidos. Elegimos el perdón y la
reconciliación. Debemos aprender de Aquel que es Manso y Humilde.

Jorge Alberto Salinas Ojeda, Seminarista de 5º Curso